La obsolescencia programada es la vida útil que le da una fábrica o empresa a un producto. En cuánto pasa este periodo de vida útil, el producto queda obsoleto y se tiene que reparar.
En muchas ocasiones, el tiempo y esfuerzo que suponen la reparación del producto incentivan al consumidor a tirarlo y cambiarlo por otro nuevo, generando una gran cantidad de residuos electrónicos y, a su vez, gases tóxicos y altos niveles de contaminación de las aguas en los procesos de fabricación de los nuevos productos.

A partir de materiales de menor calidad, resistencia y de defectos programados en el funcionamiento de algunos aparatos, se ha logrado reducir el tiempo de vida útil de éstos para fomentar el consumo en la sociedad.
Relacionamos este concepto fundamentalmente con la tecnología (móviles, ordenadores, televisores…) y los electrodomésticos (lavadoras, neveras, hornos…) pero también podemos verlo en otros productos como por ejemplo las bombillas o las medias.

Este fenómeno se ve potenciado e incrementado por la cultura de la sociedad del consumo actual, y el lema de «Comprar-Tirar-Comprar», así como también por la estructura lineal del sistema productivo, que tiene poco en cuenta que los residuos son, al fin y al cabo, materias primeras que pueden volver al ciclo de producción, disminuyendo así los altos costes de producción, las emisiones de gases invernadero, la explotación de yacimientos minerales y los residuos que se generan con esta cultura del tirar.
